jueves, 15 de noviembre de 2012

PRIMERA NOCHE HISTORIA DEI. MERCADER Y EL EFRIT


PRIMERA NOCHE
HISTORIA DEI. MERCADER Y EL EFRIT
Schahrazada dijo:
"He llegado a saber, ¡oh rey, afortunado! que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosas riquezas y de negocios comerciales en todos los países.
Un día montó a caballo y salió para ciertas comarcas a las cuales le llamaban sus negocios. Como el calor era sofocante, se sentó debajo de un árbol, y echando mano al saco de provisiones, sacó unos dátiles, y cuando los hubo comido tiró a lo lejos los huesos. Pero de pronto se le apareció un efrit de enorme estatura que, blandiendo una espada, llegó hasta el mercader y le dijo: "Levántate para que yo te mate como has matado a mi hijo." El mercader repuso: "Pero ¿cómo he matado yo a tu hijo?" Y contestó el efrit: "Al arrojar los huesos, dieron en el pecho a mi hilo y lo mataron." Entonces dijo el mercader: "Considera ¡oh gran efrit! que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente. Tengo muchas riquezas, tengo hijos y esposa, y además guardo en mi casa depósitos que me confiaron. Permiteme volver para repartir lo de cada uno, y te vendré a buscar en cuanto lo haga. Tienes mi promesa y mi juramento de que volveré en seguida a tu lado. Y tú entonces harás de mí lo que quieras. Alah es fiador de mis palabras."
El efrit, teniendo confianza en él, dejó partir al mercader.
Y el mercader volvió a su tierra, arregló sus asuntos, y dio a cada cual lo que le correspondía. Después contó a su mujer y a sus hijos lo que le había ocurrido, y se echaron todos a llorar: los parientes, las mujeres, los hijos. Después el mercader hizo testamento y estuvo coa su familia hasta el fin del año. Al llegar este término se resolvió a partir, y tomando su sudario bajo el brazo, dijo adiós a sus parientes y vecinos y se fue muy contra su gusto. Los suyos se lamentaban, dando grandes gritos de dolor.
En cuanto al mercader, siguió su camino hasta que llegó al jardín en cuestión, y el día en que llegó era el primer día del año nuevo. Y mientras estaba sentado, llorando su desgracia, he aquí que un jeique se dirigió hacia él, llevando una gacela encadenada. Saludó al mercader, le deseó una vida próspera, y le dijo: "¿Por qué razón estás parado y solo en este lugar tan frecuentado por los efrits?"
Entonces le contó el mercader lo que le había ocurrido con el efrit y la causa de haberse detenido en aquel sitio. Y el jeique dueño de la gacela se asombró grandemente, y dijo: "¡Por Alah! ¡oh hermano! tu fe es una gran fe, y tu historia es tan prodigiosa, que si se escribiera con una aguja en el ángulo interior de un ojo, sería motivo de reflexión para el que sabe reflexionar respetuosamente." Después, sentándose a su lado, prosiguió: "¡Por Alah! ¡oh mi hermano! no te dejaré hasta que veamos lo que te ocurre con el efrit." Y allí se quedó, efectivamente, conversando con él, y hasta pudo ayudarle cuando se desmayó de terror, presa de una aflicción muy honda y de crueles pensamientos. Seguía allí el dueño de la gacela, cuando llegó un segundo jeique, que se dirigió a ellos con dos lebreles negros. Se acercó, les deseó la paz y les preguntó la causa de haberse parado en aquel lugar frecuentado por los efrits. Entonces ellos le refirieron la historia desde el principio hasta el fin. Y apenas se había sentado, cuando un tercer jeique se dirigió hacia ellos, llevando una mula de color de estornino. Les deseó la paz y les preguntó por qué estaban sentados en aquel sitio. Y los otros le contaron la historia desde el principio hasta el fin. Pero no es de ninguna utilidad el repetirla.
A todo esto, se levantó un violento torbellino de polvo en el centro de aquella pradera. Descargó una tormenta, se disipó después el polvo y apareció el efrit con un alfanje muy afilado en una mano y brotándole chispas de los ojos. Se acercó al grupo, y dijo cogiendo al mercader: "Ven para que yo te mate como mataste a aquel hijo mío, que era el aliento de mi vida y el fuego de mi corazón." Entonces se echó a llorar el mercader, y los tres jeiques empezaron también a llorar, a. gemir y a suspirar.
Pero el primero de ellos, el dueño de la gacela, acabó por tomar ánimos, y besando la mano del efrit, le dijo: "¡Oh efrit, jefe de los efrits y de su corona! Si te cuento lo que me ocurrió con esta gacela y te maravilla mi historia, ¿me recompensarás con el tercio de la sangre de este mercader?" Y el éfrit dijo: "Verdaderamente que sí, venerable jeique. Si me cuentas la historia y yo la encuentro extraordinaria, te concederé el tercio de esa sangre."

CUENTO DEL PRIMER JEIQUE
El primer jeique dijo:
"Sabe, ¡oh gran efrit! que esta gacela era la hija de mi tío, carne de nu carne y sangre de mi sangre. Cuando esta mujer era todavía muy joven, nos casamos, y vivimos juntos cerca de treinta años. Pero Alah no me concedió tener de ella ningún hijo. Por esto tomé una concubina, qué, gracias a Alah, me dio un hijo varón, más hermoso que la luna cuando sale. Tenía unos ojos magníficos, sus cejas se juntaban y sus miembros eran perfectos. Creció poco a poco; hasta llegar a los quince años. En aquella época tuve que marchar a una población lejana, donde reclamaba mi presencia un gran negocio de comercio.
La hija de mi tío, o sea esta gacela, estaba iniciada desde su infancia en la brujería y el arte de los encantamientos. Con la ciencia de su magia transformó a mi hijo en ternerillo, y a su madre, la esclava, en una vaca, y los entregó al mayoral de nuestro ganado. Después de bastante tiempo, regresé del viaje; pregunté por mi hijo y por mi esclava, y la hija de mi tío me dijo: "Tu esclava ha muerto, y tu hijo se escapó y no sabemos de él." Entonces, durante un año estuve bajo el peso de la aflicción de mi corazón y el llanto de mis ojos.
Llegada la fiesta anual del día de los Sacrificios, ordené al mayoral que me reservara una de las mejores vacas, y me trajo la más gorda de todas, que era mi esclava, encantada por esta gacela. Remangado mi brazo, levanté los faldones de la túnica, y ya me disponía al sacrificio, cuchillo en mano, cuando de pronta la vaca prorrumpió en lamentos y derramaba lágrimas abundantes. Entonces me detuve, y la entregué al mayoral para que la sacrificase; pero al desollarla no se le encontró ni carne ni grasa, pues sólo tenía los huesos y el pellejo. Me arrepentí de haberla matado, pero ¿de qué servía ya él arrepentimiento? Se la di al mayoral, y le dije: "Tráeme un becerro bien gordo." Y me trajo a mi hijo convertido en ternero.
Cuando el ternero me vio, rompió la cuerda, se me acercó corriendo, y se revolcó a mis pies, pero ¡con qué lamentos! ¡con qué llantos! Entonces tuve piedad de él, y le dije al mayoral: "Tráeme otra vaca, y deja con vida este ternero."
En este punto de su narración, vio Scháhrazada que iba a amanecer, y se calló discretamente, sin aprovecharse más del permiso. Entonces su hermana Doniazada le dijo: "¡Oh hermana mía! ¡Cuán dulces y cuán sabrosas son tus palabras llenas de delicia!" Schahrazada contestó: "Pues nada son comparadas con lo que os podría contar la noche próxima, si vivo todavía y el rey quiere conservarme." Y el rey dijo para sí: "¡Por Alah! No la mataré hasta que haya oído la continuación de su historia."
Luego marchó el rey a presidir su tribunal. Y vio llegar al visir, que llevaba debajo del brazo un sudario para Schahrazada, a la cual creía muerta. Pero nada le dijo de esto el rey, y siguió administrando justicia, designando a unos para los empleos, destituyendo a otros, hasta que acabó el día. Y el visir se fue perplejo, en el colmo del asombro, al saber que su hija vivía.
Cuando hubo terminado el diván, el rey Schalhriar volvió a su palacio.

Y CUANDO LLEGÓ LA SEGUNDA NOCHE
Doniazada dijo a su hermana Schahrazada:- "¡Oh hermana mía! Te ruego que acabes la historia del mercader y el efrit " Y Schahrazada respondió: "De todo corazón y como debido homenaje, siempre que el rey me lo permita." Y el rey ordenó: "Puedes hablar."
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado, dotado de ideas justas y rectas! que cuando el mercader vio llorar al ternero, se enterneció su corazón, y dijo al mayoral: "Deja ese ternero con el ganado."
Y a todo esto, el efrit se asombraba prodigiosamente de esta historia asombrosa. Y el jeique dueño de la gacela prosiguió de este modo:
"¡Oh señor de los reyes de los efrits! todo esto aconteció. La hija de mi tío, esta gacela, hallábase allí mirando, y decía: "Debemos sacrificar ese ternero tan gordo." Pero yo, por lástima, no podía decidirme, y mandé al mayoral que de nuevo se lo llevara, obedeciéndome él.
El segundo día, estaba yo sentado, cuando se me acercó el pastor y me dijo:. "¡Oh amo mío! Voy a enterarte de algo que te alegrará. Esta buena nueva bien merece una gratificación." Y yo le contesté: "Cuenta con ella." Y me dijo: "¡Oh mercader ilustre! Mi hija es bruja, pues aprendió la brujería de una vieja que vivía con nosotros. Ayer, cuando me diste el ternero, entré con él en la habitación de mi hija, y ella, apenas lo vio, cubrióse con el velo la cara, echándose a llorar, y después a reir. Luego me dijo: "Padre, ¿tan poco valgo para ti que dejas entrar hombres en mi aposento?" Yo repuse: "Pero ¿dónde están esos hombres? ¿Y por qué lloras y ríes así?" Y ella me dijo: "El ternero que traes contigo es hijo de nuestro amo el mercader, pero está encantado. Y es su madrastra la que lo ha encantado, y a su madre con él. Me he reído al verle bajo esa forma de becerro. Y si he llorado es a causa de la madre del becerro, que fue sacrificada por el padre." Estas palabras de mi hija, me sorprendieron mucho, y aguardé con impaciencia que volviese la mañana para venir a enterarte de todo."
Cuando oí, ¡oh poderoso efrit! prosiguió el jeique lo que me decía el mayoral, salí con él a toda prisa, y sin haber bebido vino creíame embriagado por el inmenso júbilo y por la gran felicidad que sentía al recobrar a mi hijo. Cuando llegué a casa del mayoral, la joven me deseó la paz y me besó la mano, y luego se me acercó el ternero, revolcándose a mis pies. Pregunté entonces a la hija del mayoral: "¿Es cierto lo que afirmas de este ternero?" Y ella dijo: "Cierto, sin duda alguna. Es tu hijo, la llama de tu corazón." Y le supliqué: "¡Oh gentil y caritativa joven! si desencantas a mi hijo, te daré cuantos ganados y fincas tengo al cuidado de tu padre." Sonrió al oir estas palabras, y me dijo: "Sólo aceptaré la riqueza con dos condiciones: la primera„ que me casaré con tu hijo, y la segunda, que me dejarás encantar y aprisionar a quien yo desee. De lo contrario, no respondo de mi eficacia contra las perfidias de tu mujer.
Cuando yo oí, ¡oh poderoso efrit! las palabras de la hija del mayoral, le dije: "Sea, y por añadidura tendrás las riquezas que tu padre me administra. En cuanto a la hija de mi tío, te permito que dispongas de su sangre."
Apenas escuchó ella mis palabras, cogió una cacerola de cobre, llenándola de agua y pronunciando sus conjuros mágicos. Después roció con el líquido al ternero, y le dijo:' "Si Alah te creó ternero, sigue ternero, sin cambiar de forma; pero si estás encantado recobra tu figura primera con el permiso de Alah el Altísimo."
E inmediatamente el ternero empezó a agitarse, y volvió a adquirir la forma humana. Entonces, arrojándome en sus brazos, le besé. Y luego le dije: "¡Por Alah sobre ti! Cuéntame lo que la hija de mi tío hizo contigo y con tu madre." Y me contó cuanto les había ocurrido. Y yo dije entonces: "¡Ah, hijo mío! Alah, dueño de los destinos; reservaba a alguien para salvarte y salvar tus derechos."
Después de esto, ¡oh buen efrit! casé a mi hijo con la hija del mayoral. Y ella, merced a su ciencia de brujería, encantó a la hija de mi tío, transformándola en esta gacela que tú ves. Al pasar por aquí encontréme con estas buenas gentes, les pregunté qué hacían, y por ellas supe lo ocurrido a este mercader, y hube de sentarme para ver lo que pudiese sobrevenir. Y esta es mi historia."
Entonces exclamó el efrit: "Historia realmente muy asombrosa. Por eso te concedo como gracia el tercio de la sangre que pides."
En este momento se acercó el segundo jeique, el de los lebreles negros, y dijo:

CUENTO DEL SEGUNDO JEIQUE
"Sabe, ¡oh señor de los reyes de los efrits! que éstos dos perros son mis hermanos. mayores y yo soy el tercero. Al morir nuestro padre nos dejó en herencia tres mil dinares. Yo, con mi parte, abrí una tienda y me puse a vender y comprar. Uno de mis hermanos, comerciante también, se dedicó a viajar con las caravanas, y estuvo ausente un año. Cuando regresó no le quedaba nada de su herencia. Entonces le dije: "¡Oh hermano mío! ¿no te había aconsejado que no viajaras?" Y echándose a llorar, me contestó: "Hermano, Alah, que es grande y poderoso, lo dispuso así. No pueden serme de provecho ya tus palabras, puesto que nada tengo ahora." Le lleve conmigo a la tienda, lo acompañé luego al hammam y le regalé un magnífico traje de la mejor clase.
Después nos sentamos a comer, y le dije: "Hermano, voy a hacer la cuenta de lo que produce mi tienda en un año, sin tocar al capital, y nos partiremos las ganancias." Y, efectivamente, hice la cuenta, y hallé un beneficio anual de mil dinares: Entonces di gracias a Alah, que es poderoso y grande, y dividí la ganancia luego entre mi hermano y yo. Y así vivimos juntos días y días.
Poco tiempo después quiso viajar también mi segundo hermano. Hicimos cuanto nos fue posible para que desistiese de su proyecto, pero todo fue inútil, y al cabo de un año volvió en la misma situación que el hermano mayor.
Le di otros mil dinares que tuve de ganancia durante el periodo de su ausencia, abrió una tienda nueva continuó el ejercicio de su profesión.
Sin que les sirviese de escarmiento lo que les había sucedido, de nuevo mis hermanos desearon marcharse y pretendían que yo les acompañase. No acepté, y les dije: "¿Qué habéis ganado con viajar, para que así pueda yo tentarme de imitaros?" Entonces empezaron a dirigirme reconvenciones, pero sin ningún fruto, pues no les hice caso, y seguimos comerciando en nuestras tiendas otro año. Otra vez volvieron a proponerme el viaje, oponiéndome yo también, y, así pasaron seis años más. Al fin acabaron por convencerme, y les dije: "Hermanos, contemos el dinero que tenemos." Contamos, y dimos con un total de seis mil dinares. Entonces les dije: "Enterremos la mitad para poderla utilizar si nos ocurriese una desgracia, y tomemos mil dinares cada uno para comerciar al por menor." `Y contestaron: "¡Alah, favorezca la idea!" Cogí el dinero y lo dividí en dos partes iguales; enterré tres mil dinares y los otros tres mil los repartí juiciosamente entre nosotros tres. Después compramos varias mercaderías, fletamos un barco, llevamos a él todos nuestros efectos, y partimos. Duró un mes entero el viaje, y llegamos a una ciudad, donde vendimos las mercancías con unta ganancia de diez dinares por dinar. Luego abandonamos la plaza.
Al llegar a orillas del mar encontramos a una mujer pobremente vestida, con ropas viejas y raídas. Se me acercó, me besó la mano, y me dijo: "Señor, ¿me puedes socorrer? ¿Quieres favorecerme? Yo, en cambio, sabré agradecer tus bondades." Y le dije: "Te socorreré, mas no te creas obligada a la gratitud." Y ella me respondió: "Señor, entonces cásate conmigo, llévame a tu país y te consagraré mi alma. Favoréceme, que yo soy de las que saben el valor de un beneficios No te avergüences de mi humilde condición." Al decir estas palabras, sentí piedad hacia ella, pues nada hay que no se haga mediante la voluntad de Alah, que es grande y poderoso. Me la llevé, la vestí con ricos trajes, hice tender magníficas alfombras en el barco para ella y le dispensé una hospitáalaria acogida llena de cordialidad. Después zarpamos.
Mi corazón llegó a amarla con un gran amor, y no la abandoné ni de día ni de noche. Y como de los tres hermanos era yo el único que podía gozarla, estos hermanos míos, sintieron celos, además de envidiarme por mis riquezas y por la calidad de mis mercaderías. Dirigían ávidas miradas sobre cuanto poseía yo, y se concertaron para matarme y repartirse mi dinero, porque el Cheitán sin duda les hizo ver su mala acción con los más bellos colores.
Un día, cuándo estaba yo durmiendo con mi esposa, llegaron hasta nosotros y nos cogieron, echándonos al mar. Mi esposa se despertó en el agua, y de súbito cambió de forma, convirtiéndose en efrita. Me tomó sobre sus hombros y me depositó sobre una isla. Después desapareció durante toda la noche, regresando al amanecer, y me dijo: "¿No reconoces. a tu esposa?" Te he salvado de la muerte con ayuda del Altísimo. Porque has de saber que yo soy una efrita. Y desde el instante en que te vi, te amó mi corazón, simplemente porque Alah lo ha querido, y yo soy una creyente de Alah y en su Profeta, al cual Alah bendiga y persevere. Cuando yo me he acercado a ti en la pobre condición en que me hallaba, tú te aviniste de todos modos a casarte conmigo. Y yo, en justa gratitud, he impedido que perezcas ahogado. "En cuanto a tus hermanos, siento el mayor furor contra ellos y es preciso que los mate."
Asombrado de sus palabras, le di las gracias por su acción, y le dije: "No puedo consentir la perdida de mis hermanos." Luego le conté todo lo ocurrido con ellos, desde el principio hasta el fin, y me dijo entonces: "Esta noche volaré hacia la nave que los conduce, y la haré zozobrar para que sucumban." Yo repliqué: "¡Por Alah sobre tal No hagas eso, recuerda que el Maestro de los Proverbios dice: "¡Oh tú, compasivo del delincuente! Piensa que para el criminal es bastante castigo su mismo crimen, y además, considera que son mis hermanos." Pero ella insistió: :Tengo que matarlos sin remedio." Y en vano imploré su indulgencia, Después se echó a volar llevándome en sus hombros, y me dejó en la azotea de mi casa.
Abrí entonces las puertas y saqué los tres mil dinares del escondrijo. Luego abrí mi tienda, y después de hacer las visitas necesarias y los saludos de costumbre, compré nuevos géneros.
Llegada la noche, cerré la tienda, y al entrar en mis habitaciones encontré estos dos lebreles que estaban atados en un rincón. Al verme se levantaron, rompieron a llorar y se agarraron a mis ropas. Entonces acudió mi mujer, y me dijo: "Son tus hermanos. "Y yo le dije: "¿Quién los ha puesto en esta forma?" Y ella contestó: "Yo misma. He rogado a mi hermana, más versada que yo en artes de encantamiento, que los pusiera en ese estado. Diez años permanecerán así".
Por eso, ¡oh efrit poderoso! me ves aquí, pues voy en basca de mi cuñada, a la que deseo suplicar los desencante, porque van ya transcurridos los diez años. Al llegar me encontré con este buen hombre, y cuando supe su aventura, no quise marcharme hasta averiguar lo que sobreviniese entre tú y él. Y este es mi cuento."
El efrit dijo: "Es realmente un cuento asombroso, por lo que te concedo otro tercio de la sangre destinada a rescatar el crimen."
Entonces se adelantó el tercer jeique, dueño de la mula, y dijo al efrit: "Te contaré una historia más maravillosa que las de estos dos. Y tú me recompensarás con el resto de la sangre." El efrit contestó: "Que así sea."
Y el tercer jeique dijo:

CUENTO DEL TERCER JEIQUE
"¡Oh sultán, jefe de los efrits! Esta mula que ves aquí era mi esposa. Una vez salí de viaje y estuve ausente todo un año. Terminados mis negocios, volví de noche, y al entrar en el cuarto de mi mujer, la encontré con un esclavo negro, estaban conversando, y se besaban, haciéndose zalamerías. Al verme, ella se levantó, súbitamente y se abalanzó a mí con una vasija de agua en la mano; murmuró algunas palabras luego, y me dijo arrojándome el agua: "¡Sal de tu propia forma y reviste la de un perro!" Inmediatamente me convertí en perro, y mi esposa me echó de casa. Anduve vagando, hasta llegar a una carnicería, donde me puse a roer huesos. Al verme el carnicero, me cogió y me llevó con él.
Apenas penetramos en el cuarto de su hija, ésta se cubrió con el velo y recriminó a su padre: "¿Te parece bien lo que has hecho? Traes a un hombre y lo entras en mi habitación." Y repuso el padre: "¿Pero dónde está ese hombre?" Ella contestó: "Ese perro es un hombre, Lo ha encantado una mujer; pero yo soy capaz de desencantarlo." Y su padre le dijo: "¡Por Alah sobre ti! Devuélvele su forma, hija mía." Ella cogió una vasija con agua, y después de murmurar un conjuro, me echó unas gotas y dijo: ".¡Sal de esa forma y recobra la primitiva!" , Entonces volví a mi forma humana, besé la mano de la joven, y le dije: "Quisiera que encantases a mi mujer como ella me encantó." Me dio entonces un frasco con agua, y me dijo: "Si encuentras dormida a tu mujer, rocíala con esta agua y se convertirá en lo que quieras." Efectivamente, la encontré dormida, le eché el agua, y dije: "¡Sal de esa forma y toma la de una mula!" Y al instante se transformó en una mula, es la misma que aquí ves, sultán de reyes de los efrits."
El efrit se volvió entonces hacia la mula, y le dijo: "¿Es verdad todo eso?" Y la mula movió la cabeza como afirmando: "Sí, sí; todo es verdad."
Esta historia consiguió satisfacer al efrit, que, lleno de emoción y de placer, hizo gracia al anciano del último tercio de la sangre.
En aquel momento Schahrazada vio aparecer la mañana, y discretamente dejó de hablar, sin aprovecharse más del permiso. Entonces su hermana Doniazada dijo: "¡Ah, hermana mía! ¡Cuán dulces, cuán amables y cuán deliciosas son en su frescura tus palabras!" Y Schahrazada contestó: "Nada es eso comparado con lo que te contaré la noche próxima, si vivo aún y el rey quiere conservarme." Y el rey se dijo: "¡Por Alah! no la mataré hasta que le haya oído la continuación de su relato, que es asombroso."
Entonces el rey marchó a la sala de justicia. Entraron el visir y los oficiales y se llenó el diván de gente. Y el rey juzgó, nombró, destituyó, despachó sus asuntos y dio órdenes hasta el fin del día. Luego se levantó el diván y el rey volvió a palacio.

Y CUANDO LLEGÓ LA TERCERA NOCHE
Daniazada dijo: "Hermana mía, te suplico que termines tu relato." Y Schahrazada contestó: "Con toda la generosidad y simpatía de mi corazón." Y prosiguió después:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que, cuando el tercer jeique contó al efrit el más asombroso de los tres cuentos, el efrit se maravilló mucho, y emocionado y placentero, dijo: "Concedo el resto de la sangre por que había de redimirse el crímen, y dejo en libertad al mercader."
Entonces el mercader, contentísimo, salió al encuentro de los jeiques y les dio miles de gracias. Ellos, a su vez, le felicitaron por el indulto. Y cada cual regresó a su país.
"Pero -añadió Schahrazada- es más asombrosa la historia del pescador."
Y el rey dijo a Schahrazada: "¿Qué historia del pescador es esa?"
Y Shahrazada dijo:

jueves, 8 de noviembre de 2012

Las mil y una noches I
[Libro de cuentos]Anónimo

Historia del Rey Schahriar y de su Hermano el Rey Schahzaman
Historia del Mercader y el Efrit
Historia del Pescador y el Efrit
Historia del Mandadero y de las Tres Doncellas
Historia de la Mujer Despedazada, de las Tres Manzanas y del Negro Rihán
Historia del Visir Nureddin, de su Hermano el Visir Chamseddin y de Hassán Badreddin
Historia del Jorobado, con el Sastre, el Corredor Nazareno, el Intendente y el Médico Judío
Historia de Ghanem Ben-Ayub y de su Hermana Fetnah
Historia de Sindbad el Marino
Historia Prodigiosa de la Ciudad de Bronce
Historia de Aladino y la Lámpara Mágica
Historia de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones
¡Aquello que quiera Alah! ¡En el nombre de Alah el Clemente, el Misericordioso! Que las leyendas de los antiguos sean una lección para los modernos, a fin de que el hombre aprenda en los sucesos que ocurren a otros que no son él. Entonces respetará y comparará con atención las palabras de los pueblos pasados y lo que a él le ocurra, y se reprimirá. Por esto ¡gloria a quien guarda los relatos de los primeros como lección dedicada a los últimos!
HISTORIA DEL REY SCHAHRIAR Y DE SU HERMANO EL REY SCHAHZAMAN
Cuéntase -pero Alah es más sabio, más prudente, más poderoso y más benéfico- que en lo que transcurrió en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo un rey entre los reyes de Sassan, en las islas de la India y de la China. Era dueño de ejércitos y señor de auxilliares de servidores y de un séquito numeroso. Tenía dos hijos, y ambos eran heroicos jinetes, pero el mayor valía más aún que el menor. El mayor reinó en los países, gobernó con justicia entre los hombres, y por eso le querían los habitantes del país y del reino. Llamábase el rey Schahriar. Su hermano, llamado Schahzaman; era el rey de Samarcanda Al-Ajam.
Siguiendo las cosas el mismo curso, residieron cada uno en su país, y gobernaron con justicia a sus ovejas durante veinte años. Y llegaron ambos hasta el límite del desarrollo y el florecimiento.
No dejaron de ser así, hasta que el mayor sintió vehementes deseos de ver a su hermano. Entonces ordenó a su visir que partiese y volviese con él. El visir contestó: "Escucho y obedezco."
Partió, pues, y llegó felizmente par la gracia de Alah; entró en casa de Schahzaman, le transmitió la paz, le dijo que el rey Schahriar deseaba ardientemente verle, y que el objeto de su viaje era invitarle a visitar a su hermano. El rey Schahzaman contesto: "Escucho y obedezco." Dispuso los preparativos de la partida, mandando sacar sus tiendas, sus camellos y sus mulos, y que saliesen sus servidores y sus auxiliares. Nombró a su visir gobernador del reino y salió en demanda de las comarcas de su hermano.
Pero a media noche recordó una cosa que había olvidado; volvió a su palacio secretamente y se encaminó a los aposentos de su esposa a quien pensaba encontrar triste y llorando por su ausencia. Grande fue, pues, su sorpresa al hallarla departiendo con gran familiaridad con un negro, esclavo entre los esclavos. Al ver tal desacato, el mundo se obscureció ante sus ojos. Y se dijo: "Si ha sobrevenido ésto cuando apenas acabo de dejar la ciudad. ¿Cuán sería la conducta de esta esposa si me ausentase algún tiempo para estar con mi hermano?" Desenvainó inmediatamente el alfanje, y acometiendo a ambos, los dejó muertos sobre los tapices del lecho. Volvió a salir, sin perder una hora ni un instante, y ordenó la marcha de la comitiva. Y viajó de noche hasta avistar la ciudad de su hermano.
Entonces éste se alegró de su proximidad, salió a su encuentro, y al recibirlo, le deseó la paz. Se regocijó hasta los mayores límites del contento, mandó adornar en honor suyo la ciudad y se puso a hablarle lleno de efusión. Pero el rey Schahzaman recordaba la fragilidad de su esposa, y una nube de tristeza le velaba la faz. Su tez se había puesto pálida y su cuerpo se había debilitado. Al verle de tal modo, el rey Schahriar creyó en su alma que aquello se debía a haberse alejado de su reino y de su país, lo dejaba estar sin preguntarle nada. Al fin, un día, le dijo: "Hermano, tu cuerpo enflaquece y su cara amarillea." Y el otro respondió: "¡Ay, hermano, tengo en mi interior como una llaga en carne viva-!" Pero no le reveló lo que le había ocurrido con su esposa. El rey Schahriar le dijo: "Quisiera que me acompañase a cazar a pie y a caballo, pues así tal vez se esparciera tu espíritu." El rey Schalizaman no quiso aceptar y su hermano se fue solo a la cacería.
Había en el palacio unas ventanas que daban al jardín, y habiéndose asomado a una de ellas el rey Schahzaman, vio corno se abría una puerta secreta para dar salida a veinte esclavas y veinte esclavos, entre los cuales, avanzaba la mujer del rey Schahciar en todo el esplendor de su belleza, y ocultándose para observar lo que hacían, pudo convencerse de que la misma desgracia de que él había sido víctima, la misma o mayor, cabía a su hermano el sultán.
Al ver aquello, pensó el hermano del rey: "¡Por Alah! Más ligera es mi calamidad que esta otra." Inmediatamente, dejando que se desvaneciese su aflicción, se dijo: "¡En verdad, esto es más enorme que cuanto me ocurrió a mí!" Y desde aquel momento volvió a comer y beber cuanto pudo.
A todo esto, el rey, su hermano, volvió de su excursión y ambos se desearon la paz íntimamente. Luego el rey Schahriar observó que su hermano el rey Schalizaman acababa de recobrar el buen color, pues su semblante había adquirido nueva vida, y advirtió también que comía con toda su alma después de haberse alimentada parcamente en las primeros días. Se asombró de ello, y dijo: -"Hermano, poco ha te veía amarillo de tez v ahora has recuperado los colores. Cuéntame qué te pasa." El rey le dijo: "Te contaré la causa de mi anterior palidez, pero dispénsame de reterirte el motivo de haber recobrado los colores." El rey replicó: "Para entendernos, relata primeramente la causa de tu pérdida de color y tu debilidad." Y se explicó de este modo: "Sabrás, hermano, que cuando enviaste tu visir para requerir mi presencia, hice mis preparativos de marcha, y salí de la ciudad. Pero después me acordé de la joya que te destinaba y que te di al llegar a tu palacio. Volví, pues, y encontré a mi mujer y a un esclavo negro departiendo con gran familiaridad. Los maté a los dos, y vine hacia ti, muy atormentado por el recuerdo de tal aventura. Este fue el motivo de mi primera palidez y de mi enflaquecimiento. En cuanto a la causa de haber recobrada mi buen color, dispénsame de mencionarla."
Cuando su hermano oyó estas palabras, le dijo: "Por Alah te conjuro a que me cuentes la causa de haber recobrado tus colores." Entonces el rey Schalizaman le refirió cuanto había visto. Y el rey Schaliriar dijo: "Ante todo, es necesario que mis ojos vean semejante cosa." Su hermano le respondió: "Finge que vas de caza, pera escóndete en mis aposentos, y serás testigo del espectáculo: tus ojos lo comprobarán."
Inmediatamente, el rey mandó que el pregonero divulgase la orden de marcha. Los soldados salieron con sus tiendas fuera de la ciudad. El rey marchó también, se ocultó en su tienda y dijo a sus jóvenes esclavos: "¡Que nadie entre!" Luego se disfrazó, salió a hurtadillas y se dirigió al palacio. Llegó a los aposentos de su hermano, y se asomó a la ventana que daba al jardín. Apenas había pasado una hora, cuando salieron las esclavas, rodeando a su señora, y tras ellas los esclavos. E hicieron cuanto había contado Schahzaman.
Cuando vio estas cosas el rey Schahriar, la razón se ausentó, de su cabeza, y dijo a su hermano: "Marchemos para saber cuál es nuestro destino en el camino de Alah, porque nada de común debemos tener con la realeza hasta encontrar a alguien que haya sufrido una aventura semejante a la nuestra. Si no, la muerte sería preferible a nuestra vida." Su hermano le contestó lo que era apropiado, y ambos salieron por una puerta secreta del palacio. Y no cesaron de caminar día y noche, hasta que por fin llegaron a un árbol, en medio de una solitaria pradera, junto al mar salado. En aquella pradera había un manantial de agua dulce. Bebieron de ella y se sentaron a descansar.
Apenas había transcurrido una hora del día, cuando el mar empezó a agitarse. De pronto brotó de él una negra columna de humo, que llegó hasta el cielo y se dirigió después hacia la pradera. Los reyes, asustados, se subieron a la cima del árbol, que era muy alto, y se pusieron a mirar lo que tal cosa pudiera ser. Y he aquí que la columna de humo se convirtió en un efrit de elevada estatura, poderoso de hombros y robusto de pecho. Llevaba un arca sobre la cabeza. Puso el pie en el suelo, y se dirigió hacia el árbol y se sentó debajo de él. Levantó entonces la tapa del arca, sacó de ella una caja, la abrió, y apareció en seguida una encantadora joven, de espléndida hermosura, luminosa lo mismo que el sol, como dijo el poeta:
¡Antorcha en las tinieblas, ella aparece y es el día! ¡Ella aparece y con su luz se iluminan las auroras!
¡Los soles irradiar con su claridad y las lunas con las sonrisas de sus ojos! ¡Que los velos de su misterio se rasguen, e inmediatamente las criaturas se prosternan encantadas a sus pies!
¡Y ante los dulces relámpagos de su mirada, el rocío de las lágrimas de pasion humedece todos los párpados!
Después que el efrit hubo contemplado a. la hermosa joven, le dijo: "¡Oh soberana de las sederías! ¡Oh tú, a quien rapté el mismo día de tu boda! Quisiera dormir un poco." Y el efrit colocó la cabeza en las rodillas de la joven y se durmió.
Entonces la joven levantó la cabeza hacia la copa del árbol y vio ocultos en las ramas a los dos reyes. En seguida apartó de sus rodillas la cabeza del efrit, la puso en el suelo, y les dijo por señas: "Bajad, y no tengáis miedo de este efrit." Por señas, le respondieron: "¡Por Alah sobre ti! ¡Dispénsanos de lance tan peligroso!" Ella les dijo: "¡Por Alah sobre vosotros! Bajad en seguida si no queréis que avise al efrit; que os dará la peor muerte." Entonces, asustados, bajaron hasta donde estaba ella, la joven los tomó de las manos, se internó con ellos en el bosque y les exigió algo que no pudieron negarle. Una vez estuvieron cumplidos sus deseos sacó del bolsillo un saquito y del saquito un collar compuesto de quinientas setenta sortijas con sellos, y les pregunto "¿Sabéis lo que es esto?" Ellos contestaron: "No lo sabemos." Entonces les explicó la joven: "Los dueños de estos anillos hicieron lo mismo que vosotros junto a los cuernos insensibles de este efrit. De suerte que me vais a dar vuestros anillos." Lo hicieron así, sacándoselos de los dedos, y ella entonces les dijo: "Sabed que este efrit me robó la noche de mi boda; me encerró en esa caja, metió la caja en el arca, le echó siete candados y la arrastró al fondo del mar, allí donde se combaten las olas. Pero no sabía que cuando desea alguna cosa una mujer no hay quien la venza." Ya lo dijo el poeta:
¡Amigo: no te fíes de la mujer; ríete de sus promesas! ¡Su buen o mal humor depende de sus caprichos!
¡Prodigan amor falso cuando la perfidia-las llena y forma como la trama de sus vestidos!
¡Recuerda respetuosamente las palabras de Yusuf! ¡Y no olvides que Eblis hizo que expulsaran a Adán por causa de la mujer!
¡No te confíes, amigo! ¡Es inútil! ¡Mañana, en aquella que creas más segura, sucederá al amor puro una pasión loca!
Y no digas: "¡Si me enamoro, evitaré las locuras de los enamorados!" ¡No lo digas! ¡Sería verdaderamente un prodigio único ver salir a un hombre sano y salvo de la seducción de las mujeres!
Los dos hermanos; al oír estas palabras, se maravillaron hasta más no poder, y se dijeron uno a otro: "Si éste es un efrit, y a pesar de su poderío le han ocurrido cosas más enormes que a nosotros, esta aventura debe consolarnos." Inmediatamente se despidieron de la joven y regresaron cada uno a su ciudad.
En cuanto el rey Schahriar entró en su palacio, mandó degollar a su esposa, así como a los esclavos y esclavas. Después persuadido de que no existía mujer alguna de cuya fidelidad pudiese estar seguro, resolvió desposarse cada noche con una y hacerla degollar apenas alborease el día, siguiente. Así estuvo haciendo durante tres años, y todo eran lamentos y voces de horror. Los hombres huían con las hijas que les quedaban.
En esta situación, el rey mandó al visir que, como de costumbre, le trajese una joven. El visir, por más que buscó, no pudo encontrar ninguna, y regresó muy triste a su casa, con el alma transida de miedo ante el furor del rey. Pero este visir tenía dos hijas de gran hermosura-, que poseían todos los encantos, todas las perfecciones y eran de una delicadeza exquisita. La mayor se llamaba Schathrazada, y el nombre de la menor era Doniazada.
La mayor; Schaltrazada, había leído los libros, los anales, las leyendas de los reyes antiguos y las historias de los pueblos pasados. Dicen que poseía también mil libros de crónicas referentes a los pueblos de las edades remotas, a los reyes de la antigüedad y sus poetas. Y era muy elocuente v daba gusto oírla.
Al ver a su padre, le habló así: "Por qué te veo tan cambiado, soportando un peso abrumador de pesadumbres y aflicciones?... Sabe, padre, que el poeta dice: "¡Oh tú, que te apenas, consuélate! Nada es duradero, toda alegría se desvanece y todo pesar se olvida."
Cuando oyó estas palabras el visir; contó a su hija cuanto había ocurrido desde el principio al fin, concerniente al rey. Entonces le dijo Schahrazada: "Por Alah, padre, cásame con el rey, porque si no me mata seré la causa del rescate de las hijas de los musulmanes y podré salvarlas de entre las manos del rey." Entonces el visir contestó: "¡Por Alah sobre ti! No te expongas nunca a tal peligro." Pero Schahrazada repuso: "Es imprescindible que así lo haga." Entonces le dijo su padre: "Cuidado no te ocurra lo que les ocurrió al asno y al buey con el labrador. Escucha su historia:

FÁBULA DEL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOR
"Has de saber, hija mía, que hubo un comerciante dueño de grandes riquezas y de mucho ganado. Estaba casado y con hijos. Alah, el Altísimo, le dio igualmente el conocimiento de los lenguajes de los animales y el canto de los pájaros. . Habitaba este comerciante en un país fértil, a orillas de un río. En su morada había un asno y un buey.
Cierto día llegó el buey al lugar ocupado por el asno y vio aquel sitio barrido y regado. En el pesebre había cebada y paja bien cribadas, y el jumento estaba echado, descansando. Cuando el amo lo montaba, era sólo para algún trayecto corto y por asunto urgente, y el asno volvía pronto a descansar. Ese día el comerciante oyó que el buey decía al pollino: "Come a gusto y que te sea sano, de provecho y de buena digestión. ¡Yo estoy rendido y tú descansando, después de comer cebada bien cribada! Si el amo, te monta alguna que otra vez, pronto vuelve a traerte. En cambio yo me reviento arando y con el trabajo del molino." El asno le aconsejo: "Cuando salgas al campo y te echen el yugo, túmbate y no te menees aunque te den de palos. Y si te levantan, vuélvete a echar otra vez. Y si entonces te vuelven al establo y te ponen habas, no las comas, fíngete enfermo. Haz por no comer ni beber en unos días, y de ese modo descansarás de la fatiga del trabajo."
Pero el comerciante seguía presente, oyendo todo lo que hablaban.
Se acercó el mayoral al buey para darle forraje y le vio comer muy poca cosa. Por la mañana, al llevarlo al trabajo, lo encontró enfermo. Entonces el amo dijo al mayoral: "Coge al asno y que are todo el día en lugar del buey." Y el hombre unció al asno en vez del buey y le hizo arar todo el día.
Al anochecer, cuando el asno regresó al establo, el buey le dio las gracias por sus bondades, que le habían proporcionado el descanso de todo el día; pero el asno no le contestó. Estaba muy arrepentido.
Al otro día el asno estuvo arando también durante toda la jornada y regresó con el pescuezo desollado, rendido de fatiga. El buey, al verle en tal estado, le dio las gracias de nuevo y lo colmó de alabanzas. El asno le dijo: "Bien tranquilo estaba yo antes. Ya ves cómo me ha perjudicado el hacer beneficio a los demás." Y en seguida añadió: "Voy a darte un buen consejo de todos modos. He oído decir al amo que te entregarán al matarife si no te levantas, y harán una cubierta para la mesa con tu piel. Te lo digo para que te salves, pues sentiría que te ocurriese algo."
El buey, cuando oyó estas palabras del asno, le dio las gracias nuevamente, y le dijo: "Mañana reanudaré mi trabajo." Y se puso a comer, se tragó todo el forraje y hasta lamio el recipiente con su lengua.
Pero el amo les había oído hablar. En cuanto amaneció fue con su esposa hacia el establo de los bueyes y las vacas, y se sentaron a la puerta.Vino el mayoral y sacó al buey, que en cuanto vio a su amo empezó a menear la cola, y a galopar en todas direcciones como si estuviese loco. Entonces le entró tal risa al comerciante, que se cayó de espaldas. Su mujer le preguntó: "¿De qué te ríes?" Y él dijo: "De una cosa que he visto y oído; pero no la puedo descubrir porque me va en ello la vida." La mujer insistió: "Pues has de contármela, aunque te cueste morir." Y él dijo: "Me callo, porque temo a la muerte." Ella repuso: "Entonces es que te ríes de mí." Y desde aquel día no dejó de hostigarle tenazmente, hasta que le puso en una gran perplejidad. Entonces el comerciante mandó llamar a sus hijos, así como al kadí y a unos testigos. Quiso hacer testamento antes de revelar el secreto a su mujer, pues amaba a su esposa entrañablemente porque era la hija de su tío paterno, madre de sus hijos, y había vivido con ella ciento veinte años de su edad. Hizo llamar también a todos los parientes de su esposa y a los habitantes del barrio y refirió a todos lo ocurrido, diciendo que moriría en cuanto revelase el secreto. Entonces toda la gente dijo a la mujer: "¡Por Alah sobre ti! No te ocupes más del asunto; pues va a perecer tu marido, el padre de tus hijos." Pera ella replico: "Aunque le cueste la vida no le dejaré en paz hasta que me haya dicho su secreto." Entonces ya no le rogaron más. El comerciante se apartó de ellos y se dirigió al estanque de la huerta para hacer sus abluciones y volver inmediatamente a revelar su secreto y morir.
Pero había allí un gallo lleno de vigor, capaz de dejar satisfechas a cincuenta gallinas, y junto a él hallábase un perro. Y el comerciante oyó que el perro increpaba al gallo de este modo: " ¿No te avergüenza el estar tan alegre cuando va a morir nuestro ama?" Y el gallo preguntó: "¿Por qué causa va a morir?"
Entonces el perro contó toda la historia, y el gallo repuso: "¡Por Alah! Poco talento tiene nuestro amo. Cincuenta esposas tengo yo, y a todas sé manejármelas perfectamente, regañando a unas y contentando a otras. ¡En cambio, él sólo tiene una y no sabe entenderse. con ella! El medio es bien sencillo: bastaría con cortar unas cuantas varas de morera, entrar en el camarín de su esposa y darle hasta que sucumbiera o se arrepintiese. No volvería a importunarle con preguntas." Así dijo el gallo, y cuando el comerciante oyó sus palabras se iluminó su razón, y resolvió dar una paliza a su mujer.
El visir interrumpió aquí su relato para decir a su hija, Schahrazada: "Acaso el rey haga contigo lo que el comerciante con su mujer." Y Schahrazada preguntó: "¿Pero qué hizo?" Entonces el visir prosiguió de este modo:
"Entró el comerciante llevando ocultas las varas de morera, que ocababa de cortar, y llamó aparte a su esposa: "Ven a nuestro, gabinete para que te diga mi secreto." La mujer le siguió; el comerciante se encerró con ella y empezó a sacudirla varazos, hasta que ella acabó por decir: "¡Me arrepiento, me arrepiento!" Y besaba las manos y los pies de su marido. Estaba arrepentida de veras. Salieron entonces, y la concurrencia se alegró muchísimo, regocijándose también los parientes. Y todos vivieron muy felices hasta la muerte."
Dijo. Y cuando Schahrazada, hija del visir, hubo oído este relato, insistió nuevamente en su ruego: Padre, de todos modos quiero que hagas lo que te he pedido." Entonces el visir, sin replicar nada, mandó que preparasen el ajuar de su hija, y marchó a comunicar la nueva al rey Schahrían
Mientras tanto, Schahrazada decía a su hermana Doniazada: "Te mandaré llamar cuando esté en el palacio, y así que llegues y veas que el rey ha terminado de hablar conmigo, me dirás: "Hermana, cuenta alguna historia maravillosa que nos haga pasar la noche." Entonces yo narraré cuentos que, si quiere Alah, serán la causa de la emancipación de las hijas de los musulmanes."
Fue a buscarla después el visir, y se dirigió con ella hacia la morada del rey. El rey se alegró muchísimo al ver a Schahrazada, y preguntó a su padre: "¿Es ésta lo que yo necesito?" Y el visir dijo respetuosamente: "Sí, lo es."
Pero cuando el rey quiso acercarse a la joven, ésta se echó a llorar. Y el rey le dijo: "¿Qué te pasa?" Y ella contestó: "¡Oh rey poderoso, tengo una hermanita, de la cual quisiera despedirme!" El rey mandó buscar-a la hermana, y vino Doniazada.
Después empezaron a conversar Doniazada dijo entonces a Schahrazada: "¡Hermana, por Alah sobre ti! cuéntanos una historia que nos haga pasar la noche." Y Schahrazada contestó: "De buena gana, y como un debido homenaje, si es que me lo permite este rey tan generoso, dotado de tan buenas maneras." El rey, al oír estas palabras, como no tuviese ningún sueño, se prestó de buen grado a escuchar la narración de Schahrazada.
Y Schahrazada, aquella primera noche, empezó su relato con la historia que sigue:

domingo, 4 de noviembre de 2012

LA LUZ ES COMO EL AGUA

La luz es como el agua[Cuento: Texto completo]
Gabriel García Márquez
En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.

lunes, 29 de octubre de 2012

"LA REVOLUCIÓN DEL SOFTWARE"


La revolución del software
Hace 37 años Bill Gates y Paul Allen crearon la empresa Microsoft, la cual marcó el inicio de una nueva era en el mundo de la informática.


A
 principios de la década de 1970, el lanzamiento de los primeros microprocesadores alentó a los aficionados a la electrónica a construir sus propias computadoras. Con ese objetivo, decenas de jóvenes visitaban Silicon Valley, California –la entonces naciente cuna de las nuevas tecnologías-, e busca de las piezas para armarlas y luego pasar muchas horas escribiendo programas para hacerlas funcionar. Eran de las pocas personas que, en la comodidad de sus casas, podían tener contacto directo con la informática, sin embargo no pasaría mucho tiempo para que esto cambiara. En enero de 1975 fue presentada la computadora Altair 8800, la cual no sólo propició la llegada al mercado de las computadoras personales, sino también llevó a un Bill Gates joven y a su socio Paul Allen a fundar Microsoft, la empresa se software más importante del mundo.
Los años clave.
En 1969, a los 13 años de edad, Bill ingresó a la escuela Lakeside, el colegio privado más importante de Seattle, el cual contaba con una computadora que funcionaba a través de un teletipo y  la que los alumnos podían tener acceso. Fascinado por la tecnología, invertía mucho tiempo familiarizándose con el lenguaje de la máquina en compañía de sus nuevos amigos, Paul, dos años mayor. Pronto se convirtieron en unos expertos, tanto que en cierta ocasión Bill logró acceder a información confidencial y la escuela le prohibió volver a tocar la computadora.
No obstante, al poco tiempo la compañía Computer Center Corporation lo invitó, junto con Paul y otros alumnos del colegio, a usar el sistema PDP-10 –creado por la empresa Digital Equipment Corporation- con el propósito de ayudar a encontrarle fallas. Durante esta etapa, Gates y Allen aprendieron los programas más populares de la época, como BASIC y FORTRAN. Fue entonces cuando se les ocurrió crear un negocio de software. Así, luego de devorar manuales y revistas de electrónica, en 1970 desarrollaron un sistema llamado Traf-0-Data que servía para medir el tráfico en el área de Seattle, EUA.
Más tarde trabajaron en algunas empresas relacionadas con la computación y empezaron a proponer a las grandes compañías como IBM diseñar software para sus equipos, per Gates relata que siempre les contestaban: “No necesitamos a nadie, nosotros mismos hacemos ese trabajo”. Sin embargo, la gran oportunidad llegaría en 1975, cuando Bill estudiaba en la Universidad de Harvard.
La conyuntura.
En enero, después de visitar a Bill en la universidad, Paul vio en la calle la portada de la revista Popular Electronics. Se trataba de una gran noticia: la empresa Micro Instrumentation and Telemetry System (MITS), con sede en Albuquerque, Nuevo México, presentaba su minicomputadora Altair 8800 con 256 bytes de memoria RAM, que cabía en un escritorio, y sólo debía ser conectado sin demasiado esfuerzo a un teclado y aun monitor. Era el primer hardware o equipo que se vendía con esas características; eso significaba que la gente interesada en tener una computadora ya no tendría que ir hasta Silicon Valley y para tratar de conseguir las múltiples piezas para armar una. Había llegado el momento de fabricar masivamente las primeras computadoras personales y diseñar los primeros programas para ellas.
De inmediato Allen llegó a la conclusión de que el prototipo de MITS tendría mucho éxito y se le ocurrió que se podía desarrollar un software para la Altair, así que sin pensarlo llamó a Bill para contarle. “Nos dimos cuenta de que estaba por ocurrir una revolución. Después de leer el artículo de la revista nuestra vida cambió”, comenta Gates en el libro Bill Gates Speaks: Insight from the World´s Entrepreneur, escrito por Janet Lowe.
Al día siguiente Paul telefoneó al presidente de MITS, Ed Roberts, para decirle que él y Bill podían crear una versión del programa BASIC para su equipo. Igual que a otros muchos aficionados a la electrónica, Ed les respondió que si funcionaba cerrarían el trato sin ningún problema.
El momento de la verdad.
En aquella época BASIC era uno de los pocos lenguajes utilizados para la programación de las computadoras, y Gates y Allen lo conocían perfectamente ya que durante sus años en Lakeside School lo habían estudiado bien. Después de esa llamada, Bill y Paul empezaron a trabajar: se encerraron día y noche durante dos meses para escribir los códigos del nuevo programa. Una noche antes de que Allen viajara a Albuquerque para entregar el software, Gates todavía estuvo trabajando arduamente corrigiendo errores, cuenta la biógrafa estadounidense Ruth Strother.
Ed Roberts recibió a Paul en el aeropuerto y se fueron directamente a las oficinas de MITS, pero pidió a Allen que regresara hasta el día siguiente para probar el programa. Por fin llegó el momento: “En la mañana Paul introdujo el programa en Altair 8800, dio un paso atrás y contuvo el aliento… Gates no había cometido ningún error”, dice Strother. El software funcionó y Roberts, como lo había prometido, aceptó comercializar el nuevo producto, bautizado como Altair BASIC. Debido a esto, Bill decidió dejar la universidad para dedicarse por completo al negocio en Albuquerque. Ahí, el 4 de abril de 1975, Gates y Allen, de 19 y 21 años, fundaron la empresa Microsoft (Microsoft Corporation en 1981), que en pocos años se convertiría en la compañía de informática más exitosa del mundo.
Nuevo imperio.
Con un software ya integrado, las ventas de Altair 8800 aumentaron considerablemente, pero ante la salida al mercado de las primeras computadoras personales las ventas cayeron, por lo que en 1977 Ed Roberts decidió vender su negocio, y Gates y Allen lo demandaron para que les devolviera la licencia de Altair BASIC. Fue entonces cuando Microsoft empezó a desarrollar programas para otras empresas como Apple Computer, Tandy Corporation y Radio Shack.
Pero la consolidación llegó en 1981, cuando IBM –en ese entonces el fabricante más importante de equipos de cómputo- le encargo a la empresa la creación de un sistema operativo para sus computadoras personales. A falta de tiempo Bill decidió comprarle a su amigo Tim Peterson el programa Q-DOS por 75,000 dólares; le hizo algunas modificaciones y se lo vendió a IBM con el nombre de MS-DOS. Esto significo la consolidación de Microsoft: como muestra, de los 13 empleados que tenían en 1978 pasaron a 128 en 1981, y el número fue creciendo año con año.
Tal fue el éxito del negocio que para 1984 la empresa –ya sin Paul Allen en el equipo, quien se había retirado del negocio por problemas de salud- le vendió la licencia de MS-DOS a más de 200 fabricantes de equipos informáticos, lo que lo llevo a crear múltiples programas y crecer vertiginosamente alrededor del mundo, a tal grado que hoy en día la mayoría de las computadoras personales funcionan con software de Microsoft, y Bill Gates es uno de los hombres más ricos del mundo.

Sabías que…
El lenguaje de programación BASIC, el mismo que utilizó Bill Gates para crear el software de Altair 8800, fue desarrollado en 1964 por los profesores estadounidenses Thomas Kurtz y John G. Kennedy en Darthmouth College, con el propósito de que los estudiantes programaran computadoras de una manera más fácil.

En computación, el software -en sentido estricto- es todo programa o aplicación programado para realizar tareas específicas. El término "software" fue usado por primera vez por John W. Tukey en 1957.

Algunos autores prefieren ampliar la definición de software e incluir también en la definición todo lo que es producido en el desarrollo del mismo.

La palabra "software" es un contraste de "hardware"; el software se ejecuta dentro del hardware.

El software en sentido amplio

Una definición más amplia de software incluye mucho más que sólo los programas. Esta definición incluye:
- La representación del software: programas, detalles del diseño escritos en un lenguaje de descripción de programas, diseño de la arquitectura, especificaciones escritas en lenguaje formal, requerimientos del sistema, etc.

- El conocimiento de la ingeniería del software: Es toda la información relacionada al desarrollo de software (por ejemplo, cómo utilizar un método de diseño específico) o la información relacionada al desarrollo de un software específico (por ejemplo, el esquema de pruebas en un proyecto). Aquí se incluye información relacionada al proyecto, información sobre la tecnología de software, conocimiento acerca de sistemas similares y la información detallada relacionada a la identificación y solución de problemas técnicos.

- La información de la aplicación.

El "software" como programa

El software, como programa, consiste en un código en un lenguaje máquina específico para unprocesador individual. El código es una secuencia de instrucciones ordenadas que cambian el estado del hardware de una computadora.

El software se suele escribir en un lenguaje de programación de alto nivel, que es más sencillo de escribir (pues es más cercano al lenguaje natural humano), pero debe convertirse a lenguaje máquina para ser ejecutado. 

El software puede distinguirse en tres categorías: software de sistema, software de programación y aplicación de software. De todas maneras esta distinción es arbitraria y muchas veces un software puede caer un varias categorías.

- Software de sistema: ayuda a funcionar al hardware y a la computadora. Incluye el sistema operativo,controladores de dispositivos, herramientas de diagnóstico, servidores, sistema de ventanas, utilidades y más. Su propósito es evitar lo más posible los detalles complejos de la computación, especialmente la memoria y el hardware.

- Software de programación: provee herramientas de asistencia al programador. Incluye editores de texto, compiladores, intérprete de instrucciones, enlazadores, debuggers, etc.

- Software de aplicación: permite a los usuarios finales hacer determinadas tareas. Algunos software de aplicación son los navegadores, editores de texto, editores gráficos, antivirus, mensajeros, etc.

El software puede clasificarse según su licencia y/o forma de distribución:


Formas o licencias de distribución de softwareAbrir/Cerrar

jueves, 25 de octubre de 2012

"SEÑOR DE LAS MÁQUINAS PENSANTES"


CENTENARIO DE ALAN TURING.
Señor de las máquinas
pensantes
El genio de Bletchley Park ayudó no sólo a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, también perfiló el rumbo de la sociedad moderna.

U
na de las dudas más inquietantes entre la sociedad tecnificada es saber si algún día las computadoras podrán pensar por sí mismas, es decir, desarrollar de alguna forma su propia conciencia. A un siglo del nacimiento del matemático inglés Alan Turing, uno de los padres de la informática moderna y el primero que planteó esta posibilidad ante la comunidad científica, los últimos avances prácticos en inteligencia artificial (IA) nos remiten, entre varios ejemplos, a Siri, la aplicación para smartphone, una clase de agenda personalizada que responde a órdenes verbales, organiza las actividades del usuario y de acuerdo con sus preferencias le brinda soluciones prácticas  halladas en Internet. Sin embargo, Siri, todavía tiene problemas en su programación que la colocan muy lejos de lo que podríamos entender como una autentica IA “autónoma”, o de las capacidades vislumbradas por películas de ciencia ficción, como Skynet, la IA que termina por dominar el planeta en la película Terminator. Claro, muchas computadoras han demostrado ser superiores en cierto tipo de destrezas mentales: desde la supercomputadora Deep Blue, que en 1997 derroto al gran maestro ruso Garry Kasparov en un match de ajedrez (2 triunfos, 3 empates), hasta Watson, que en 2011 venció a dos ex campeones en el juego de trivia Jeopardy! Sin embargo estos aparatos, si bien pueden aprender de sus experiencias, no son capaces de realizar otras actividades distintas para las que fueron programadas, mucho menos reflexionar sobre lo que han hecho, tomar iniciativas o mostrar emociones al respecto. La gran interrogante entre los expertos es en la actualidad si estas últimas cualidades son realmente necesarias para el desarrollo futuro de las máquinas.
Relevo inesperado
Alan Mathison Turing nació en Londres el 23 de junio de 1912. De carácter abierto, rebelde y modales excéntricos, su preferencia por las ciencias fue notable, aunque su mal desempeño en el resto de las materias escolares opacó la opinión que de él tenían sus profesores. Fue la amistad entrañable con su compañero de escuela Christopher Morcom la que marcó su vida: con él sostuvo largas conversaciones sobre física y matemáticas, sin embargo fue su repentina muerte en 1930 el hecho que detonaría un cambio decisivo en el joven Turing. A través de la correspondencia que mantuvo con la madre de Morcom en los siguientes tres años, Turing discutió sobre la mente privilegiada de su difunto amigo, la ubicación de su conciencia en el cuerpo y la eventual separación de ésta tras la muerte. Esta clase de pensamientos, aunada a la lectura de temas sobre biología, metafísica, lógica, matemáticas, pero sobre todo el trabajo de física cuántica del físico John Von Neumann, le hicieron formularse la idea del cuerpo humano como una especie de máquina consciente. Y en cierta forma Alan se consideró a sí mismo como el continuador del camino inconcluso de su brillante amigo.
Se inscribió en el Departamento de Matemáticas del King´s College de Londres en 1931, aunque le costó trabajo alcanzar calificaciones suficientes para obtener una beca. Fue sin embargo su trabajo relativo a la teoría de probabilidades “Sobre la función error Gaussiana” (1935) el que lo hizo acreedor al prestigiado Premio Smith de Física Teórica de la Universidad de Cambridge, donde obtuvo una beca de investigación de posgrado. En aquella institución descubrió un ambiente intelectual y social estimulante en el que finalmente pudo dirigir sus ideas, en especial en cuanto a la búsqueda de una solución para la decidibilidad o problema de decisión planteado por el matemático alemán David Hilbert (Entscheidungs-problem); esto es, encontrar el método o algoritmo definitivo por el cual se podría decidir si una afirmación matemática dada es comprobable o no. Para resolverlo, concibió la idea de una máquina de capacidad infinita que hiciera cálculos; que funcionara a través de instrucciones lógicas ejecutables sobre una cinta de papel, mediante señales de entrada y salida.
Miles de actores
En El Señor de los Anillos uno de los escenarios es de proporciones épicas: miles de guerreros se enfrentan en una batalla a lo largo de una planicie. A estas alturas de la historia de la tecnología sabemos que no se utilizaron extras para filmarlas, sino que se trata de una simulación por computadora cuyo nivel de precisión y detalle son impresionantes; cada uno de los combatientes tiene un compromiso propio, distinto al de los demás, conseguido por medio de un software denominado MASSIVE, una inteligencia artificial  empleada en las películas de lo más diverso, cuyo máximo logro fue obtenido en la saga del director Peter Jackson. En el caso de los escenarios relativamente más limitados, como el ajetreo cotidiano de un desfile callejero en  Batman Begins o una antigua estación de trenes en Hugo, podrían pasar por escenas compuestas por actores humanos. El software está diseñado para dirigir las reacciones de personajes simulados por computadora ante diversas situaciones, y su aplicación en proyecciones a futuro podría servir para conocer, por ejemplo, como se comportarían las masas en estructuras como edificios, a fin de mejorar sus diseños. Estos éxitos de taquilla que hoy disfrutamos conjugan dos conceptos teóricos desarrollados por Turing hace más de 50 años. “La aportación genial de la llamada Máquina Universal de Turing”, presenta en su artículo ´Sobre Números Computables´ de 1937, era que, mediante instrucciones codificadas almacenadas en su memoria en forma de números, ese aparato hipotético –se trata de un modelo teórico, Turing no tenía intenciones de construirlo- se comportaría como un camaleón capaz de cambiar de actividad. Podía funcionar como una calculadora y luego convertirse en u  procesador de texto”, explica Jack Copeland, profesor de Lógica y Filosofía en la Universidad de Canterbury, Nueva Zelanda, y director del Archivo Turing de la Historia de la Computación.
De este modo, uno de los orígenes de las computadoras de escritorio presentes en todo el mundo se encuentran en buena medida en la segunda etapa de la vida del matemático inglés. Durante la Segunda Guerra Mundial fue contratado por el gobierno británico para trabajar en Bletchley Park, instalación del ejército de su país dedicada al cifrado de códigos. De aspecto desaliñado, llamaba la atención por sus manías, como el encadenar su taza de café para que no se la quitaran, o andar en bicicleta con una máscara antigás en pleno verano para evitar ataques de alergia al polen. Fue ahí donde colaboró en rediseño de un dispositivo de análisis criptográfico creado en Polonia, denominado Bombe, capaz de descifrar los mensajes en clave de la codificadora alemana Enigma, utilizada por los nazis para dirigir en secreto sus operaciones navales. Puesto al frente de la división Hut 8, Turing pudo encontrar el secreto de los códigos alemanes, escondidos entre millones de combinaciones. Sin su ayuda, quizá la victoria de los aliados hubiera estado en entredicho. “Lo que muchos no saben es que Bombe fue la primera piedra angular de la IA, porque se basaba en la heurística, que es el fundamento de la inteligencia artificial”. Dice Copeland. Es decir, se trata de acotar la búsqueda desechando las opciones menos probables, como lo que todos hacemos cuando perdemos algo: rastreamos los alrededores del lugar donde creemos que puede estar el objeto. Aunque tal búsqueda no necesariamente garantiza siempre resultados ciertos, si suceden estos con frecuencia.
Tras el conflicto, Turing entrevió la posibilidad de construir artefactos inteligentes a partir del trabajo con Bombe. “Lo que queremos es que una máquina pueda aprender mediante la experiencia, como hace un niño”, dijo en 1947 durante una audiencia de la Royal Aastronomical Society. Él pensaba que las computadoras del futuro podrían programarse para responder preguntas, y que a medida que se hicieran más potentes llegarían a hablar con nosotros, o incluso a asentir, y en cierto momento, según las circunstancias, incluso disimular perfectamente su condición artificial, imitándonos de manera que una persona común y corriente no sabría distinguir si se dirigía a un humano o a una computadora. Para conseguir un aparato  can tales capacidades se tendrían que construir redes de neuronas artificiales que, aunque en u principio estuvieran desorganizadas, fueran entrenadas para llevar a cabo tareas especificas. A este concepto, clave de la IA, se le conoce como conexionismo. “La corteza cerebral humana así funciona. Al nacer es un aparato inconexo que se va organizando con la práctica hasta convertirse en una máquina”, escribiría Turing, manteniendo esa analogía que había nacido dese su juventud al pensar en la mente de su amigo fallecido.
Más humano que lo humano
En la película Bladerunner (1982) se plantea la posibilidad que existían androides tan similares a los humanos que serían prácticamente indistinguibles. Para descubrirlos existe una prueba a través de una serie de preguntas sobre sus recuerdos, las cuales les llevaría a manifestar una reacción física que los delate –los robots están programados sin ninguna clase de experiencia emotiva o un pasado-. Pero si bien esto es ciencia ficción, la gran pregunta que Turing se hizo en su momento fue: ¿las máquinas pueden pensar? Esto fue planteado en su artículo pionero “La maquinaria de computación y la inteligencia”, publicado en octubre de 1950, donde se propinia el llamado “juego de la imitación”, hoy conocido como “Prueba de Turing”, cuya finalidad era determinar si una máquina puede ser considerada “inteligente” en términos humanos. Éste consiste en poner a una persona y a una computadora en un cuarto, mientras en una habitación por separado se encuentra un juez. Este último hace una serie de preguntas y, según las respuestas, debe adivinar quién es humano, porque incluso la computadora sería capaz de mentir.
La influencia de esta línea de pensamiento daría origen al concepto de la Inteligencia Artificial. El primer gran paso en la materia l daría el científico estadounidense John McCarthy (1927-2011) cuando en 1956 organizó la primera conferencia internacional sobre el tema, y en donde también acuño el término. Eventualmente fundó el primer laboratorio de l especialidad en el Tecnológico de Massachusetts en 1959. Desde entonces (con el seguimiento de la Ley de Moore, establecida en 1965 por el cofundador de Intel, la cual señala que el número de transistores en un circuito integrado se duplica cada 18 meses) se cree que la capacidad de rapidez de memoria de las computadoras podría en un futuro no sólo igualar la destreza mental humana y superarla, sino también desarrollar ciertas capacidades de autoconocimiento.
Sin embargo, existe una discusión entre los expertos en IA respecto a la propia definición de la palabra “inteligencia”, y cuestionan la necesidad de orientar a las máquinas para que expresen sus capacidades en términos humanos; es decir, aun cuando ninguna computadora haya podido superar la Prueba  de Turing, algunos científicos no la consideran relevante porque creen que evalúa el comportamiento humano del artefacto, del mismo modo que las pruebas de coeficiente intelectual, y no del comportamiento inteligente del mismo. Esta visión antropocéntrica de la capacidad del intelecto incluso afecta la búsqueda de vida extraterrestre. Tal como propone el doctor Ben Goertzel, el concepto de inteligencia debe ser más amplio: “alcanzar objetivos complejos en ambientes complejos, la naturaleza de un sistema inteligente específico está destinada a ser altamente dependiente de la naturaleza del entorno en el que se encuentra”, indica el fundador de la empresa Novamente LLC, compañía de software dedicada a encontrar una IA denominada Inteligencia Artificial General. En este sentido, una IA o cualquiera otra identidad no humana debería ser evaluada en virtud de los problemas que pudiera resolver de acuerdo con las circunstancias en las que se desarrolle, por lo que los programas como los descritos anteriormente como Siri o MASSIVE estarían desempeñándose bastante bien aunque no puedan responder “cómo se sienten” o tengan cierto grado de ambición o curiosidad, facultades eminentemente humanas. La definición general de inteligencia para Goertzel es “la capacidad de un sistema para escoger sus acciones, basado en sus percepciones y memorias, haciendo uso razonablemente eficiente de sus recursos computacionales”.
Carrera trunca
Para 1950 Turing era profesor titular de una nueva materia en la Universidad de Manchester denominada Teoría de la Computación. Al mismo tiempo, empezaba a interesarse por la boimatemática, en particular por la morfogénesis, el proceso que permite a los organismos desarrollar complejas formas y patrones, como la estructura de los vegetales o las manchas de los leopardos, patrones que pueden ser los mismos que dirigen ecosistemas complejos o incluso galaxias.
Sin embargo, pese al servicio prestado a su país y a la ciencia, el matemático tuvo una vida corta y trágica. Su abierta homosexualidad lo llevó a enfrentar un cargo por “incidencia grave y perversión” en 1952, pues en la Inglaterra de aquella época dicha preferencia era castigada penalmente. Tuvo que elegir entre la cárcel o un tratamiento con estrógenos para “curarse”; al final eligió esto último, orillándolo a una profunda depresión. En 1954 murió envenenado con cianuro, supuestamente contenido en una manzana que se halló mordisqueada junto al cadáver. Aunque fue calificado como suicidio, la teoría de un asesinato asoma en algunas teorías de conspiración. No sería sino hasta 2009 cuando el gobierno británico pediría disculpas públicamente, aunque en febrero de este año (2012) el Parlamento de aquel país se retracto y ha justificado de nuevo la decisión, dado que se habría cumplido la ley que entonces imperaba. El legado de Turing sin embargo ha trascendido más allá de la intolerancia, y es tan amplio que es difícil encasillarlo en una sola categoría. A la fecha nadie ha podido construir una máquina más potente que la computadora teórica que concibió; una capaz de razonar como nosotros e incluso llegue a engañarnos haciéndose pasar por un humano. Pero dadas las lamentables circunstancias que la sociedad impuso a este genio, quizá sea mejor que las computadoras desarrollen su propia línea de pensamiento y nunca lleguen a parecerse a nosotros.





ORDAZ MORALES ISAIAS RAFAEL